El Dr. Pablo Roskopf explicó las alternativas del momento clave para la vaca y la continuidad productiva. Claves y puntos salientes a tener en cuenta se destacaron en un webinar muy convocante.



En la Sociedad Rural de Rafaela, convocado por el Ateneo de la SRR junto a la Asociación de Criadores Holando Argentino y su Ateneo, el doctor en Ciencias Veterinarias Pablo Roskopf ofreció una conferencia que puso en el centro de la escena el período de transición en las vacas lecheras, definido como las tres semanas previas y las tres posteriores al parto.
Bajo el título “Período de transición: ¿dónde se gana o se pierde en la lactancia?”, el especialista planteó que ese tramo es decisivo para la salud y la productividad de los rodeos, donde se juega buena parte de la sustentabilidad de los sistemas.
Roskopf explicó que durante esas semanas las vacas enfrentan una disminución marcada en el consumo de materia seca, que puede caer hasta un 30%, lo que las coloca en un balance energético negativo.
“Una vaca recién parida multiplica varias veces sus necesidades de glucosa, aminoácidos, ácidos grasos y calcio. Si no logra adaptarse, aparecen las patologías”, señaló. Entre ellas mencionó la lipomovilización excesiva que compromete el hígado, la hipocalcemia, muchas veces subclínica, las acidosis ruminales y la inmunodepresión que abre la puerta a infecciones uterinas. “El 95% de las vacas tienen contaminación uterina en los primeros días posparto y el sistema inmune no alcanza a cubrir todas las puertas de ingreso”.
El veterinario asesor de la Cooperativa Guillermo Lehmann aportó datos, frente a un importante público virtual, que dimensionan la magnitud del problema. Estudios en Estados Unidos y Canadá muestran incidencias de enfermedades del 50 al 60% en los primeros 60 días de lactancia. En Argentina, el programa Claves del INTA de 2009 registró que el 70% de las vacas presentaban alguna patología clínica en los primeros 30 días, mientras que un trabajo más reciente de Fernando Macía confirmó una incidencia cercana al 60%. “Son números que hablan de un desafío global, no de un problema aislado”, enfatizó.
Las consecuencias se traducen en pérdidas productivas y reproductivas.
Una hipocalcemia puede reducir hasta 160 litros de leche, mientras que una metritis puede implicar 500 litros menos. Además, las enfermedades se encadenan: una hipocalcemia aumenta el riesgo de retención de placenta, que deriva en metritis, pérdida de condición corporal y anestro.
“La principal causa de descarte en los tambos son los problemas reproductivos derivados de este período”, subrayó Roskopf, insistiendo en la necesidad de un manejo cuidadoso de la dieta, la preparación del rumen y la prevención de desequilibrios metabólicos.
Todas las enfermedades del período de transición terminan interrelacionadas por la disminución del consumo de materia seca. Esa caída en la ingesta agrava los cuadros, compromete la salud y la productividad. “La mejor herramienta que tenemos es la prevención”.
En un relevamiento nacional realizado sobre 242 establecimientos de 11 provincias, con respuestas aportadas mayoritariamente por productores, pero también por asesores, encargados y tamberos, más del 90% de los tambos cuenta con un lote de preparto y que muchos utilizan sales aniónicas para prevenir la hipocalcemia.
Sin embargo, la mayoría no monitorea el nivel de acidificación generado, lo que puede llevar a dosis inadecuadas y a que la tecnología no funcione como se espera. “La principal falla que encontramos es la falta de seguimiento y evaluación de las herramientas de prevención”, señaló.
Otro dato relevante fue que el 25% de los establecimientos no realiza ninguna práctica de monitoreo del período de transición, una situación más frecuente en tambos de menor escala productiva. Más del 80% cuenta con asesoramiento en formulación de raciones y seguimiento reproductivo, y más del 90% con asesoramiento en salud del rodeo, aunque la intensidad de la asistencia varía según el tamaño del establecimiento.
Roskopf destacó también que más del 35% de los productores no identifica una etapa crítica en el ciclo productivo, lo que relacionó con fallas en los registros y en el análisis de datos. “Muchos sobreestiman la vida útil de las vacas: dicen que duran cuatro lactancias cuando en realidad apenas superan las tres”, ejemplificó.
El impacto económico de las enfermedades del período de transición es inmediato, por los tratamientos, el tiempo del personal y los descartes, pero también de largo plazo, al afectar la eficiencia reproductiva, la reposición y el crecimiento genuino del rodeo.
Pablo Roskopf insistió en que existen tecnologías y conocimientos disponibles, pero falta procesar la información y definir estrategias adaptadas a cada establecimiento. “Hoy tenemos collares y sensores que predicen la aparición de enfermedades antes de que un profesional pueda diagnosticarlas. El desafío es aprovechar esas herramientas, mejorar los registros y analizarlos”.
La necesidad de reducir el uso de antimicrobianos, el enfoque de “Una Salud” que integra al animal, al humano y al ambiente, junto con las demandas sociales por mayor bienestar demuestra que “la responsabilidad no es solo de los veterinarios, sino también de los agrónomos, de los productores y de todos los actores del sector. La idea es llamar a una reflexión colectiva y empezar a unar esfuerzos para disminuir la incidencia de enfermedades”, finalizó.
