Qué dicen los que producen…

Qué dicen los que producen…

  • Categoría de la entrada:Producción Sustentable
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“Con la tecnología que se trabaja hoy se pueden combinar los datos de los pronósticos, los horarios en los que puede variar la velocidad del viento, pero también con los equipos que tienen las pulverizadoras, se controla todo y lo dejan registrado”.

Ariel Blatter. Productor Agropecuario. 39 años.


Con muchas generaciones dedicadas al campo, desde 1947 la familia Blatter tiene campo propio en Susana. Acompañando el desarrollo de la localidad, conviviendo con la comunidad, hoy siguen trabajando para sobrevivir a cada novedad que la naturaleza o las decisiones políticas imponen.

Son cuatro familias completas las que dependen de manera directa de la explotación que se desarrolla en tres campos, uno de ellos arrendado, en los que se hace agricultura, recría de machos y tambo con  160 vacas totales, con un promedio productivo de 2.800 litros de leche diarios, que en el año 2009 se mudó a otra explotación para producir de una manera más adecuada.

“Hace años que los productores venimos trabajando con las buenas prácticas, porque los que tenemos cultivos mixtos, de tambo y agricultura, hacemos aplicaciones diferenciadas. Eso se puede ver recorriendo los caminos donde hay plantas, insectos y se conserva la biodiversidad”, explicó enfatizando que hacer bien las aplicaciones tiene una conveniencia en cuanto a reducir los conflictos con el entorno y también bajar los costos en el uso de insumos y servicios.

Ariel Blatter cuenta que su padre fue el primero en la zona en “hacer soja” y teniendo una explotación mixta el cuidado de cada tarea es muy minuciosa. “Siempre trabajamos correctamente, no sólo por cómo se puede afectar afuera del alambrado nuestro o a otros cultivos en un día de malas condiciones, sino también por el costo de los insumos. Tenemos una manera muy ordenada de trabajar para poder tener hacienda pastoreando en una alfalfa que está al lado de un lote de agricultura”.

Con cierta cercanía respecto al cementerio de la localidad, de una escuela e incluso de un salón de eventos, destaca que “con la tecnología que se trabaja hoy se pueden combinar los datos de los pronósticos, los horarios en los que puede variar la velocidad del viento, pero también con el equipamiento que tienen las pulverizadoras, que controlan todo y lo dejan registrado”, en referencia al único servicio que contratan a un tercero.

“Acá lo que no hay que hacer es inventar cosas nuevas, hay que mirar lo que hace el mundo, lo que hace 

Europa que en cada pueblo tiene cualquier cultivo y cualquier producción, pudiendo aplicar tecnología de manera constante”.

Las comunas controlan, exigen recetas agronómicas, e incluso los ojos de los productores observan también a sus pares, pero con el respeto a la comunidad se intenta un trabajo cada vez más minucioso. Por eso, poner más reglas y más controles es lo adecuado, pero no prohibir.

“Es muy complejo lo que se intenta en Rafaela, porque si llega a ser un efecto cascada en los pueblos, vamos a estar todos involucrados en una situación muy complicada, porque todos vivimos en los pueblos o en los campos y nadie va a hacer nada para afectarse a sí mismo o a sus vecinos”.

Destaca que “de quedar un amplio territorio sólo para producciones alternativas sería algo muy difícil de desarrollar porque conseguir mano de obra hoy es muy complejo. A los productores se nos quiere prohibir lo que estamos haciendo y la mayoría somos productores chicos que lo único que tenemos es esta actividad económica y el costo tan alto que tiene cualquier cambio no se puede afrontar”.

Ariel Blatter reconoce que de ocurrir una restricción exagerada “no se podría ni arrendar la tierra porque todas las producciones tendrían problemas” y si bien “intentaría trabajar de la forma en la que lo hacían mis abuelos, hoy hay muchos impuestos que pagar  y una cadena de mano de obra que si retrocedemos lo hace inviable, por los costos fijos que hay que afrontar. Debería dejar los campos que arriendo y tendría los propios sólo para subsistir”.

“Uno se crió en el campo, toda la familia trabaja en esto, sería imposible cambiar de actividad. Esto para mí no es un trabajo, es una pasión por la que se hacen muchos sacrificios…de no tenerlo no sabría qué hacer”.