Qué dicen los que producen VIII: «Gran cantidad de hectáreas quedarían improductivas, más aún teniendo en cuenta que en Rafaela tenemos suelos de calidad 1, de los mejores del mundo…”

Qué dicen los que producen VIII: «Gran cantidad de hectáreas quedarían improductivas, más aún teniendo en cuenta que en Rafaela tenemos suelos de calidad 1, de los mejores del mundo…”

Marcos Sincovich, 42 años, Ingeniero agrónomo.

Como la mayoría de los productores del periurbano, son muchas las generaciones que están detrás de cada campo en actividad.

Marcos Sincovich tiene 42 años, es ingeniero agrónomo y el cuarto en la descendencia trabajando la tierra en el sector noreste de la ciudad, frente al barrio Zazpe de Rafaela.

Sérvolo fue el primero en llegar a la ciudad y comenzó a producir. Trabajaba como carrero y su principal tarea era llevar trigo a los molinos. Sus hijos, Alberto y Antonio siguieron en actividad, sumando la cría de animales, de novillos, con un tambo e incluso la producción de heno y fardos.

Marcos es hijo de Alberto “Becho” y nieto de Alberto- repetición de nombres que se da en las familias…- quien siguió produciendo, con agricultura y pasturas, pero sólo llegó hasta 2004 con el tambo de unos dos mil litros, que no superó una de las tantas crisis lechera.

Marcos tiene su tarea profesional, orientada a las nuevas formas de producción, pero particularmente en su campo aporta a intentar mejorar los rindes y las estrategias en una ubicación complicada.

Con caballos de terceros pastando de manera constante en la alfalfa para heno que se siembra en los 200 metros que tienen hoy prohibiciones de aplicación en la ciudad, los alambrados duran muy pocos años, en vez de décadas y décadas por el vandalismo, lo cual también hace comprender que sea imposible la cría de ganado, por cuatrerismo y abigeato. Lo que tampoco se puede hacer es maíz, porque sufrieron durante años el robo de los choclos y por eso abandonaron la idea de ese cultivo.

Sólo los cultivos se pueden hacer en el campo con maquinaria propio para la confección de rollos y fardos, pero con el resto de las tareas contratadas a prestadores de servicios.

Sincovich explica que sin aplicaciones las alfalfas tienen una duración de dos años, la mitad de lo que consiguen si reciben algún tipo de nutrición o cuidado. Esto se podría superar de permitirse el uso de productos con respuesta biológica, aceptados por Senasa para cultivos orgánicos. Existen fitosanitarios para atender plagas de insectos, de la mano del control biológico, pero no para malezas, que podrían tratarse también con productos de bajo impacto y a partir de maquinaria destinada sólo a estas aplicaciones, en los primeros metros de los campos, que hoy están casi improductivos.

De avanzar la intención de extender la prohibición de pulverizaciones en los primeros mil metros desde la última vivienda de la ciudad esta familia se quedaría sin poder trabajar, en absoluto.

Personalmente esta situación me genera mucha preocupación, no sólo por mi propio campo, sino por la gran cantidad de hectáreas improductivas que quedarían, más aún teniendo en cuenta que en Rafaela tenemos suelos de calidad 1, de los mejores del mundo”.

Como Ingeniero Agrónomo habla de la “gran responsabilidad con la que se hacen las aplicaciones en la ciudad, con todos los recaudos y siempre con el control del personal municipal, empezando siempre en el cuidado de los operarios y productores”.

“En cada aplicación se tiene muy en cuenta evitar cualquier deriva. En nuestro campo si hay viento norte no se aplica, esos son la mayor cantidad de días, por lo tanto sólo se puede tener actividad uno o dos días al mes, por lo tanto cuando aplicamos la deriva es cero en nuestro terreno y no se afecta a las casas más cercanas”. Esto se demuestra con no haber tenido problemas con los vecinos y no haber registro de denuncias.

Como el resto de los productores, lo que entiende es que para evitar algún inconveniente deben incrementarse los controles, pero no las prohibiciones, porque son muchas las familias que ven del campo en el periurbano y lo deben seguir haciendo, también para sustentar las cuentas del propio Municipio.

Sin la intención de entregar las tierras por el agotamiento si el proyecto de modificación de la ordenanza avanza, Marcos Sincovich destaca que el texto presentado en el Concejo Municipal “no tiene sustento técnico y muestra un gran resentimiento sobre el sector agropecuario”. Con la demostración que se hizo semanas atrás en la jornada donde los propios concejales pudieron corroborar como son los procesos de aplicación y los alcances de los productos, incluso en condiciones desfavorables, seguir queriendo ampliar una zona de exclusión responde a otros intereses que no están ligados a cuestiones sanitarias o sociales.

En vez de buscar consensos, la imposición de prohibiciones no puede ser el punto de partida para dialogar las alternativas, mientras concluye como sus pares, “queremos seguir produciendo”.