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Fecha: 19/01/2017

Un gran fracaso de la política

La nueva crisis hídrica de nuestra zona desnudó la falta de previsión y de gestión pública para accionar en el territorio y arbitrar en cuestiones de privados. Sin respuestas desde el Estado, con productores desesperados por salvar algo del capital y un perjuicio de potencial incalculable para toda la región.

Por Gonzalo Rodríguez (Redacción LA OPINION). -Parecería que el tiempo no pasó, que es abril y que la temperatura es sólo una rareza. Agua por todos lados, vacas que ya no están, cultivos pudriéndose y la palabra “emergencia” en cada crónica referida al sector agropecuario. Lamentablemente no es ni un dejá vú ni una regresión, estamos nuevamente atravesados por el desastre, instancias previas al cierre de unidades productivas, a la pérdida de muchas fuentes de trabajo y a la imposibilidad de permitir que importantes divisas ingresen a nuestra castigada región.

En estos días todos opinamos sobre clima, suelos, pronóstico, obras, etc. La economía del campo dejó de ser parte de la coyuntura, toda vez que la zona rural dejó de ser tal por la improductividad evidente. Entonces se mezclan los conceptos y depende de quién sea el relator hay mayor responsabilidad en alguno de los factores. Los cambios del ambiente, los gobiernos nacional y provincial mirándose uno a otro, ambos observando de reojo a los productores y más allá marchas de agravio contra la soja. Tanto berenjenal deja tanto lodo como el agua en los campos.

 

SIEMPRE LLEGAN TARDE

Las autoridades públicas son, claramente, los grandes responsables de esta situación. Si bien es cierto que la bomba cae en manos que no llevan año y medio en el poder, se debe reconocer que la clase política en general, sin distinción de colores, no supo, no pudo, ¿no quiso? gestionar y traccionar de manera que no se repitan los anegamientos ya históricos.

Es evidente que la Provincia no dedicó los fondos suficientes a las obras hídricas que permitan una solución estructural, pero tampoco coordinó siquiera pequeños pasos, trabajos básicos. La inacción fue total y el argumento de que hay poco tiempo entre inundación e inundación es relativo. Ni siquiera se supo que pasó con el plan de mejoramiento de calzadas naturales, anunciados por el responsable de Vialidad Provincial, ni bien se fueron las aguas de abril.

La responsabilidad se agrava si tenemos en cuenta las acciones cordobesas y los dichos de Buryaile: “Santa Fe no nos pidió ninguna obra para financiar”.

Otra de las competencias que no tuvieron fue el de poder de policía para detectar e interceder ante desagües ilegales, morigerando las actitudes que tienen muchas veces ciertos productores. Hasta podemos hablar de la falta de coordinación, o de éxito en el intento, de las acciones de los comités de cuencas. No hay comunicación efectiva entre los grupos de trabajo ni mucho menos proyectos en común.

De cualquier manera hay hechos que deben ser remarcados: ¿volvimos a escuchar inundaciones en Santa Fe, Rosario o Rafaela? En absoluto, es decir, las obras estuvieron direccionadas hacia los cascos urbanos más poblados. Una sana decisión al priorizar la vida de las personas, sólo que se olvidaron de lo que le da el sustento principal a la provincia: el campo.

Los municipios tienen su porción de responsabilidad. Tener puesta la atención en lo urbano hizo que jamás se mirara hacia el costado y se velara por el sector primario, como si sus males no repercutieran en la ciudad.

Un poco más allá, y al tope del compromiso, las comunas. Nadie escuchó reclamos sobre las cosas que no se hacían, como si no se tuviera conciencia del riesgo latente. Incluso se solaparon situaciones indignas, historias que hablan de canales artesanales y bombas que, eventualmente, tiran el agua para otro lado, como si a partir de esas acciones se dejara de afectar a otras comunidades.

Finalmente, la Nación es otra de las partes que no estuvo a la altura. Excusarse con la independencia de la territorialidad es casi una banalidad. Es cierto que el gobierno kirchnerista fue el gran beneficiado por el boom de la soja y otras circunstancias positivas que incidieron en la ecuación del campo años atrás, que le permitieron recaudar cientos de millones de dólares que vaya a saber uno dónde están ya que no orquestaron ni una obra (y no es realista hablar del fondo sojero…).

Pero el mismísimo Macri en persona sobrevoló nuestro Departamento hace 8 meses y, según dicen las buenas lenguas, avisó a los funcionarios santafesinos que aquí falta infraestructura. Por más que nadie le haya pedido nada sus carteras deberían haber alertado sobre la inactividad evidente. Hasta se lo advertimos en la reducida rueda de prensa de la que participamos en un hangar del Aeródromo. Ahora, para muchos, es tarde.

 

EL COMPROMISO DE COMUNICAR

Como sucede con todos y cada uno de los casos de inequidad o desidia social, la prensa también tiene su responsabilidad. Por no escribir al menos una vez por semana sobre la marcha de las cosas, por seguir parámetros económicos y datos de rendimientos, por hablar de mercados y de jornadas comerciales dejamos de lado lo esencial: la posibilidad de producir. Aquí no queda otra que realizar el seguimiento de los planes/proyectos/estrategias que la política vuelve a anunciar.

Por lo pronto quedó en evidencia el fracaso de lo público. No hubo previsión, visión de futuro ni criterio de sustentabilidad, términos que muchas veces integran discursos.

¿Se puede endilgar todo al cambio climático? Cada uno hablará y actuará con su librito a mano, pero si no se reconoce la falta de capacidad para anticipar el golpe anunciado del clima no habrá “zona cero” posible.

 

¿Vamos a seguir hablando del planeta? ¿Se necesita filosofar para entender, siempre en tercera persona, que algo mal estamos haciendo? Casi al unísono experimentamos inundaciones en Santa Fe, incendios en La Pampa, tornado en San Luis y un alud en Jujuy. ¿No es hora de hacerse cargo? No más preguntas, señor juez.

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